La piel del niño: peculiaridades, medidas y mitos frente a la protección solar

Las consecuencias de una excesiva exposición a las radiaciones ultravioletas tienen como punto de partida su incidencia en la infancia. Los estudios científicos demuestran que la  exposición durante las dos primeras décadas de la vida tiene una especial importancia en el desarrollo de futuros problemas,  especialmente en la inducción de cáncer cutáneo. Aunque para el desarrollo de este cáncer pueden existir otros factores, dos de las medidas preventivas más fáciles de llevar a cabo son reducir el tiempo de exposición y aumentar la fotoprotección.

La prevención debe empezar tan pronto como sea posible, por lo que el pediatra y los padres deben asegurarse de que los niños cumplen con todas las medidas de fotoprotección cutánea y ocular.

La prevención que se lleve a cabo durante la infancia condicionará las consecuencias a largo plazo.

Al nacer, la piel del bebé es muy inmadura. Hasta los 8 o 9 años está continuamente evolucionando, hasta culminar el proceso de maduración. Mientras se  lleva a cabo esta evolución, la piel del recién nacido tiene unas características especiales que la diferencian de la de un adulto:

  • Su capa córnea superficial es demasiado fina, por lo que no tiene una barrera eficaz que la proteja contra los agentes externos y es mucho más sensible.
  • Comparada con la de un adulto, la superficie cutánea es 3 veces superior respecto al peso, por lo que existe un mayor riesgo de penetración de sustancias tóxicas.
  • El pH de la piel aún es neutro, ya que este se va haciendo ácido progresivamente, por lo que es más indefensa contra los microorganismos patógenos.
  • Aún no tiene los suficientes mecanismos de defensa de la piel, por lo que cualquier lesión o irritación comporta riesgo de infección.
  • Su piel es más permeable, y por lo tanto más susceptible frente a la toxicidad de productos de aplicación tópica.
  • La secreción sebácea y sudorípara son insuficientes hasta los dos años, por lo que se da un déficit en la lubricación de la epidermis y en el film hidrolipídico protector de la piel.
  • El subsistema inmunológico es aun inmaduro y aporta una menor defensa frente a los radicales libres.

Pero esta característica no se da sólo en la piel. Sus ojos también son más sensibles a las radiaciones ultravioleta.

Por debajo de los 10 años de edad existe un riesgo superior de daño para la retina, ya que la transmisibilidad del cristalino para la luz azul y ultravioleta también es mayor que la del adulto.

MEDIDAS DE FOTOPROTECCIÓN

  • Uso de fotoprotectores

Los fotoprotectores tópicos o filtros solares son fundamentales para reducir la exposición a la  radiación ultravioleta. Los encontramos en muchas presentaciones: crema, loción, spray, gel, gel-crema, espuma, dry-oil,…

Características de un buen fotoprotector infantil:

  • Resistente al agua (waterproof o very wáter-resistant), ya que el niño juega en la orilla y entra y sale del agua continuamente.
  • Resistente a la fricción o rubproof, porque están continuamente jugando con otros niños, con la arena,…
  • Con filtros biológicos que protejan su subsistema inmunológico, que es inmaduro.
  • Con una fragancia agradable para su olfato, que facilite su aplicación, pero no tanto como para hacer que el niño desee comérsela y se produzca una intoxicación por ingestión accidental.

Cómo se usan:

Una vez elegido el fotoprotector adecuado, hay que saber usarlo de forma correcta para que sea más eficaz. Tan sólo hay que seguir unas premisas:

  • Hay que aplicarlo en casa, no en la playa o en la piscina, sobre la piel seca y 30 minutos antes de la exposición.
  • De forma generosa
  • Y cubriendo toda la superficie cutánea
  • Se debe aplicar de nuevo cada 2 o 3 horas o después de un baño prolongado.

MITOS EN FOTOPROTECCIÓN INFANTIL

Un fotoprotector para adultos sirve exactamente igual para niños. NO es cierto.

Debido a las características especiales de su piel, los niños requieren de fotoprotectores específicos.

Los protectores solares infantiles deben contener preferentemente filtros físicos, evitando en lo posible los filtros químicos problemáticos (PABA, Oxibenzona, etc.) que pueden ser una de las causas más frecuentes de alergia por contacto en productos de aplicación tópica. Además, la diferencia en la relación superficie/peso entre un niño y un adulto hace que un mismo producto alcance, en el niño, una concentración tres veces superior, incrementando el riesgo de sufrir alergias. Interesante también que aporten filtros biológicos con acción antioxidante.

Durante la infancia, es necesaria la exposición solar sin protección para estimular la síntesis de vitamina D. NO es cierto.

La utilización de fotoprotectores NO disminuye los valores de vitamina D plasmática de forma significativa.

Aunque, erróneamente podría pensarse que los filtros solares, al limitar la exposición de la piel a la radiación solar, impiden que el organismo sintetice esta vitamina responsable de fijar el calcio a los huesos y de asegurar el correcto desarrollo óseo del niño.

Debido a la inmadurez de las funciones cutáneas de los niños, la protección solar intensiva es indispensable durante la infancia.

Información extraída del Colegio de Farmacéuticos de Barcelona.

Deja un comentario